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¿Pudo María haber dicho ‘No’?

María enfrentó muchos riesgos al decirle que sí al ángel. Sin embargo, ella persistió.
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Cuando era niño y asistía a la escuela católica, la Anunciación era uno de los misterios gozosos que las buenas hermanas me hicieron aprender de memoria: el ángel visita a María, le ofrece el papel humano central en el plan de salvación de Dios, y María dice que sí.

María podría haber elegido lo contrario; Dios respeta la libertad humana. Pero frecuentemente los cristianos dan por sentado su sí. El consentimiento de María al plan de Dios merece más atención, especialmente en el mundo de hoy, una época en la que el movimiento #MeToo ha llamado la atención sobre la importancia sagrada y el fácil abuso del derecho de las mujeres a dar su consentimiento.

Nosotros, en el siglo XXI, estamos muy alejados de la cultura y el contexto de la vida de María. Como señala la teóloga Elizabeth Johnson, “[María] es una mujer judía del primer siglo; ella no es una estadounidense del siglo XXI. Y esa diferencia hay que respetarla”. Miriam era una joven judía, muy probablemente entre las edades de 12 y 14 años, cuando se le presenta por primera vez en los evangelios. Teniendo en cuenta la corta esperanza de vida y el hecho de que el mundo antiguo era completamente patriarcal, no es de extrañar que tuviera un matrimonio arreglado a una edad muy temprana. La idea contemporánea de casarse por amor romántico no era una norma. El matrimonio se consideraba una transferencia de propiedad que beneficiaba a ambas familias.

En este contexto, el consentimiento de Miriam al plan de Dios es un acto de valentía. Como señalan los evangelios, ella está comprometida cuando queda embarazada de un hijo que no es de José. Su sociedad habría visto esto como vergonzoso y pudo haber afectado negativamente su capacidad para sobrevivir. Según el evangelio de Mateo, José elige calladamente cancelar el matrimonio, viendo esto como un acto de misericordia y compasión. Podría hacer apedrear a Miriam por adúltera o exigir que su familia la castigue severamente o incluso que la eche a la calle. En una sociedad donde las mujeres tenían poco poder, una mujer joven sin protección probablemente terminaría en la economía clandestina: prostitución, esclavitud u otra opción desagradable.

Miriam podría haber sido joven, pero no tonta. Cuando el ángel la visita y le pide su consentimiento para llevar al hijo de Dios, seguramente ella es consciente de las innumerables consecuencias negativas. Quizás otros ya le han dicho al ángel: “No, gracias”. Pero Miriam tiene coraje y decide decir que sí. Como señala Johnson, “Dios está con la mujer joven embarazada fuera del matrimonio, en peligro de su propia vida. Dios está con ella para comenzar a cumplir la promesa divina”.

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María enfrentó muchos riesgos al decirle que sí al ángel. Sin embargo, ella persistió. Ella libremente y sin coerción consintió en ser co creadora con Dios. Y se convirtió en profeta, líder y madre de nuestra salvación.


Esta columna apareció en la edición de febrero de 2020 de U.S. Catholic (Vol. 85, No. 2, página 49).

Imagen: Wikimedia Commons

Este artículo también está disponible en inglés.

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